Asaltan forajidos la diligencia que traía la paga para los mineros de El Cubo

Al más puro estilo del viejo oeste, una banda de asaltacaminos perpetraron un sangriento robo en el camino que conecta la Presa de la Olla con el Mineral del Cubo, en el que perdieron la vida tres personas –dos asaltantes– y otro número igual resultaron heridas.

El botín fue de seis mil pesos que serían utilizados para pagar la raya de los empleados que laboraban en la mina del Cubo. Los hechos se dieron a las diez de la mañana y se cree que el asalto fue perpetrado por cuando menos por diez sujetos.

Testigos de los hechos aseguraron que los responsables huyeron rumbo al Monte, otros aseguran que lo hicieron en un vehículo marca Ford, con rumbo a la vecina ciudad de Silao.

Dicho acontecimiento consternó a los habitantes de esta ciudad capital, quienes no daban crédito a lo sucedido. Así lo destacó El Noticioso en su edición del sábado 8 de febrero de 1925.

Destaca que el botín logrado por los asaltantes, que se manchó de sangre por las tres vidas que se perdieron, eran pesos o monedas de las conocidas como 07.20 que circulaban en aquel tiempo y eran trasladadas a lomo de mula de la ciudad hacia el pueblo minero para pagar la raya.

Se precisa que el botín en sí había sido de siete mil pesos, pero los ladrones en su huida con el fin de evitar caer en manos de la justicia, tiraron o dejaron olvidado un bulto que contenía mil pesos, A través de la reseña de dicha nota, El Noticioso resalta que: “La tranquilidad de la ciudad de Guanajuato fue rota en mil pedazos el sábado ocho de febrero ante tan escandaloso y sangriento hecho. Se presume que los responsables de tan cruel asalto que le costó la vida a tres personas y dejó heridas a otro número igual, desde tiempo atrás venían planeando su fechoría y aprovecharon que las compañías mineras acostumbran a rayar a sus trabajadores los sábados para cometer su fechoría.

Se agrega que la empresa minera El Cubo fue la afectada y se precisa que el dinero hurtado era transportado al lomo de mula por dos arrieros y los señores Wilebaldo López, Francisco Medina, así como por los hermanos Lucas y Brígido Márquez, empleados de dicha minera.

Se narra que eran las nueve de la mañana cuando la caravana subía por la cuesta que conduce al mineral y después de pasar la Presa de la Olla, cuando Lucas Márquez, que iba al frente grupo, avistó a un grupo de hombres sospechosos que estaban en una zona boscosa, por lo que volviendo su caballo les gritó a sus compañeros: ¡pónganse águilas!

No acababa de pronunciar esa frase cuando se escucharon varias descargas de armas de fuego, que ocasionaron la muerte inmediata del caballo que montaba Lucas Márquez, él quedó herido al recibir un balazo en la espalda.

A los primeros tiros también fueron heridos Brígido Márquez y Wilebaldo López; el señor Medina, contuvo a los asaltantes, disparando su pistola y dejando tendidos a dos de los bandoleros, pero fue rodeado y recibió un balazo en el vientre.

Alguien dio aviso en el cuartel lo que sucedía en el camino a El Cubo, y de inmediato un destacamento de soldados a caballo se trasladó al lugar, pero ya los ladrones habían huido, quedando en el lugar dos de ellos muertos.

Por los casquillos encontrados en el lugar, en donde además se encontró un costal con mil pesos, se cree que los ladrones eran diez y que escaparon por el campo, aunque los arrieros afirman que hasta cerca del camino llegó un automóvil y que en el cargaron los talegos de dinero; esta versión cobra fuerza pues por el camino que conduce a Silao de la Victoria, muchos aseguran haber visto a todos correr a un automóvil Ford.

El señor Francisco Medina fue trasladado en estado comatoso al Hospital Americano en donde murió dos horas después, concluye la nota.

Cabe señalar que en el mismo camino, pero en un lugar más alejado de la ciudad, el 22 de abril de 1937, fueron asesinados seis personas, los líderes del sindicato de trabajadores mineros, ocasión en la que se quiso hacer aparecer los asesinatos como resultado de un asalto, lo que nadie se tragó, pues la versión más creíble y aceptada es que los sindicalistas fueron muertos por sicarios pagados por los gringos dueños en ese entonces de la mina de El Cubo.

Antonio Abúndiz Ramírez

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