Bennie Smith salvó de la sequía a la ciudad

Bennie Smith salvó de la sequía a la ciudad

marzo 12, 2018 Off By

En el mes de junio de 1955, la ciudad de Guanajuato enfrentó una terrible calamidad, de pronto el agua que era conducida desde la presa de la Esperanza para atender las necesidades de la población dejó de fluir. La alarma cundió y los ingenieros encargados de las obras hidráulicas de la ciudad, descubrieron que una de las válvulas más importantes del tubo por donde era succionado el líquido estaba completamente obstruida con lodo y basura.
La situación era apremiante y algo había que hacer para resolver el problema, y evitar que Guanajuato se quedara sin agua, era absolutamente indispensable que alguien descendiera hasta el fondo de la presa, por cierto hasta la parte más profunda donde estaba la válvula bloqueada, por lo que se requería la presencia de algún buzo experimentado para que allá en las profundidades hiciera el trabajo.
El poblano Bennie W. Smith Best se enteró del grave problema que se cernía sobre la población y se ofreció a realizar el trabajo. Él era entonces superintendente de distribución de la compañía de luz en Guanajuato, y junto con su equipo de lineros había formado un rústico pero entusiasta cuerpo de bomberos que atendía siniestros en condiciones muy difíciles, sin equipo adecuado pero con mucha valentía.
En la crónica que don Erasmo Mejía Ávila hace de este suceso en su semanario Estado de Guanajuato, dice que Bennie Smith, llegó junto con el equipo de linieros hasta la cortina de la presa de la Esperanza, y valiéndose de una vieja mascarilla para gases –que su padre había usado en la II Guerra Mundial– que conectó a un tanque de oxígeno, se dispuso a su-mergirse para atender aquella emergencia que tanta preocupación estaba causando a los guanajuatenses.
Testigos de este episodio narraron que en su primer descenso el hombre sintió que el agua estaba muy fría, y sin empacho abrió una botella de tequila que llevaba y se echó varios tragos, según él para que el cuerpo entrara en calor, y así descendió hasta el fondo por seis veces consecutivas; durante un lapso de cuatro horas logró arreglar una cadena que se había zafado y componer la válvula tapada.
De esta forma, el sistema de bombeo pudo continuar sin mayores molestias para la población que, de otro modo, se hubiera quedado sin agua.
Una vez terminada esta labor fue felicitado por los ingenieros encargados der estas obras, y él a su vez dijo sentirse fortalecido por haber ingerido una buena cantidad de oxígeno mientras se encontraba en las profundas aguas achocolatadas.
Expuso que él, a nombre de la compañía de luz, estaba en la mejor disposición para auxiliar en lo que fuera posible en toda obra de interés colectivo, y agradecido como era, públicamente reconoció que contaba con el decidido apoyo del señor J. T. Herring, gerente de la empresa, para disponer de los elementos y equipos necesarios en esta labor social que prestaba junto con su valiente equipo de linieros.
Por esta hazaña y por todo lo que hacía en beneficio de la comunidad, la compañía de luz, lo tenía considerado como uno de los mejores elementos, hay que convivir con este buen hombre y mejor compañero para darse uno cuenta de lo que significa para Guanajuato, y para nuestra compañía, escribiría luego en El Estado de Guanajuato uno de los directivos de la empresa.
Y es que independientemente de la capacidad que Bennie poseía para realizar su trabajo ordinario, era también un buen servidor de todos los habitantes de Guanajuato; lo mismo organizaba y conducía el alumbrado de los famosos Entremeses Cervantinos, que entre bambalinas dirigía y encendía los escenarios magníficos de obras teatrales de beneficencia, organizaba, conducía y participaba en entusiastas charreadas, animaba el deporte, etc.
Pero sobre todo auxiliaba al desvalido o llevaba consuelo al que se encontraba en la antesala de la muerte.
Siendo miembro de la benemérita Cruz Roja acudía presto al llamado urgente con su equipo de auxilio y lo aplicaba al necesitado, salvando así vidas de grandes y chicos. Cuentan que inclusive con su tanque de oxígeno salvó la vida de José Luis Romero Hicks, quien al momento de su nacimiento el 8 de abril de 1957 estuvo a punto de morir por asfixia.
Muchos fueron los servicios que desinteresadamente este gran hombre prestó a la ciudadanía guanajuatense, y aunque se le recuerda como el primer fundador del primer cuerpo de bomberos de Guanajuato, lo cierto es que no se le ha dado a su figura la dimensión que se merece. Todavía es tiempo que las autoridades municipales valoren la aportación que hizo a la ciudad y al menos le impongan a una calle o una plaza el nombre de Be-nnie W. Smith Best para así perpetuar su memoria.