Apuñala leonés a una hechicera mientras dormía por hacer males a su hermana

En la primera mitad del siglo pasado era muy recurrente, y hasta cierto “normal”, que la población guanajuatense creyera en la existencia de brujas o hechiceras, que apoyadas por el enemigo malo –el diablo–, eran capaces de provocar terribles males a otras personas a petición expresa de sus enemigos o quienes las envidiaban.

Un claro ejemplo fue el vivido el 31 de julio de 1938 en la vecina ciudad de León, en donde un hombre mató a puñaladas a una presunta hechicera que a su decir, tenía embrujada a su hermana.

Este artero asesinato causó un gran revuelo y fue pólvora para que los diarios de la época le dieran revuelo sin tener el menor respeto a los derechos de la víctima y al dolor de sus familiares, tal y como se muestra en la nota publicada sobre este terrible hecho por El Noticioso: “Gran revuelo causó antier entre los habitantes de la ciudad de León de los Aldama, la noticia de asesinato de una hechicera de nombre Maximina Silva, quien era muy conocida en el mercado de la Soledad, donde tenía instalada una fonda de su propiedad y quien fue presa de la ira de José Martínez Guzmán, sujeto que ofuscado por los prejuicios y falta de sentido común le infirió tremendas y terribles puñaladas a la infeliz mujer, que quedó exánime en medio de un gran charco de sangre.

“Se agrega, que el crimen lo perpetró Martínez Guzmán en la propia casa de la hoy occisa, siendo ésta sorprendida en los precisos momentos en que se disponía a dejar el lecho”.

Los móviles del crimen

“Una vez detenido Martínez Guzmán, se declaró convicto y confeso del delito de asesinato, anteponiendo como atenuantes las causas siguientes:

“Que su hermana María de Jesús venía desde hace tiempo siendo objeto de los maleficios de Maximina Silva, mujer que tenía bien ganada la fama de bruja y con quien aquella tuvo cierta vez serio disgusto por causas baladís, resultando Silva con una lesión ligera, lo que dio margen para que esta jurara vengarse de María de Jesús, a quien a su propio decir la embrujaría, cosa que cumplió pues a los pocos días rebuznaba como un borrico y cantaba exactamente como un gallo.

“Estado tan deprimente de la víctima, indignó sobre manera a Martínez Guzmán, pues a medida de que los días pasaban se condolía de ver como su hermana enfermaba del cerebro, sintiendo además terribles convulsiones en el vientre, desvaríos y alucinaciones, pues afirmaba que había dado a luz cuatro marranitos, dos negros y otros dos alazanes.

“Desesperado de no encontrar remedio eficaz tendiente a curar a María de Jesús, el criminal se encaminó a la casa de Maximina a la que espió durante toda una noche, sorprendiéndola en el momento en que se disponía a abandonar la cama.

“Sin perder el aplomo Martínez Guzmán exigió a Silva que le devolviera la salud a su hermana, a lo que irónica le respondió que no lo haría por nada de esta vida porque María se la debía y le tenía que pagar muy caro.

“Entonces, dice José Martínez Guzmán: me cegué por la ira y me arrojé cuchillo en mano sobre la maldita vieja y le hundí mi cuchillo repetidas veces en el cuerpo. Así fue como vengué a mi hermana y ahora aquí estoy a las órdenes de la justicia.

“Este hecho de sangre ha causado la natural consternación entre la humilde gente del pueblo, dando pábilo para que crean que la bruja a estas horas debe de estar dando cuentas de sus males a satanás, deduciéndose que como consecuencia de su muerte podrá sanar pronto María de Jesús Martínez”.

Antonio Abúndiz Ramírez

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