Callejón del Centinela

Ahora que estamos en plenas vacaciones de verano podemos disfrutar plenamente de las calles y callejones de nuestra ciudad santafesina, aunque un poco apretados por la gran cantidad de turistas que llegan en esta fecha para disfrutar igualmente de las maravillas que ofrece nuestro Guanajuato colonial.

Caminando por este gran laberinto de callejones, pareciera que no termina nunca, pero lo cierto es que todas las callejuelas de la ciudad nos llevan a una salida; si andamos perdidos y no sabemos dónde estamos, lo más fácil es bajar, bajar, bajar hasta llegar al centro de la ciudad.

Si contamos la historia de las calles, callejones tardaríamos muchísimo tiempo, es por eso que en esta sección hacemos un resumen sobre lo más importante su acontecimiento.

En esta ocasión traemos para su deleite un lugar que es poco conocido en Guanajuato, se trata del Callejón del Centinela, rúa que se encuentra en nuestro Centro Histórico, aunque un poco escondida, pero no es difícil su acceso. Podemos llegar a este lugar por diferentes puntos y lugares.

Por la parte del centro, subiendo por Mexiamora, este callejón colinda con el del Ratón, del Hinojo, y el de la Morita. Pero si queremos acceder por la parte de arriba, pues tampoco es complicado llegar, simplemente nos trasladamos por el barrio de Perros Muertos, cruzamos el de Neldo para bajar sin complicaciones hasta el Callejón del Centinela.

La historia

Pero si un rincón como éste no tiene historia, entonces no es un callejón digno de Guanajuato, y como preguntando se llega a Roma, nos dimos a la tarea de investigar sobre la historia de esta tan peculiar callejuela. La mayoría de los moradores del lugar no tienen información del porqué se llama así este lugar, otros tantos tienen algunas ideas o han escuchado rumores sobre el nombramiento de aquella tan peculiar rúa.

Algunos transeúntes y vecinos cuentan que tal vez le llamaron así a este lugar en honor a los soldados y vigilantes que custodiaban las plantas de hinojo donde ahora se encuentra el estacionamiento. Otros cuentan que por las noches llegaba un gendarme para cuidar y velar por el sueño de los pocos vecinos que en la época de la Revolución vivían en ese lugar. Algunos ancianos y vecinos del barrio concuerdan en que nombraron así este callejón a causa de la Independencia de México cuando el Cura Hidalgo llegó a Guanajuato junto con sus tropas de insurgentes para tomar la plaza.

Cuentan que en la época de la Independencia los soldados españoles irrumpían y buscaban en todas las casas de Guanajuato a los moradores para ejecutarlos luego de la masacre ocurrida en Granaditas.

Muchas mujeres escondían en donde podían a sus pequeños hijos y a sus esposos, pues tenían miedo de que los gachupines los encontraran para sacrificarlos, y como los españoles ya sabían que los hombres y niños estaban ocultos dentro de sus casas, montaban guardia día y noche en todas las esquinas de las calles y callejones de la ciudad.

En las entradas de los callejones de Perros Muertos, y el de la Morita los guardias españoles improvisaron una torre de vigilancia para tener mejor visibilidad y así poder atrapar a los pobres habitantes más fácilmente, ya las personas conocían a estos hombres como “los centinelas” de la corona española, y como en ese callejón pasaban más tiempo los gachupines, la gente se fue acostumbrando a su presencia y fue por esa causa que esta callejuela comenzó a ser llamada de esta manera.

Comentan también algunas amas de casa, que sus abuelos les contaban que después de la media noche, en la mitad del callejón se aparecía una sombra que rondaba durante varios minutos la callejuela y después desaparecía en la oscuridad dejando sin habla los trasnochadores y borrachines que lo topaban cuando se dirigían a su casa.

Algunos arriesgados pasaban por el lugar para ver si se les aparecía la sombra del centinela, y al querer darle alcance esta desaparecía dejando a su paso una estela de frialdad; otros corrían con más suerte y sentían –dicen– su respiración y hasta casi juran que los guiaba hasta la torre de vigilancia y les daba un mensaje para desaparecer enseguida.

Realidad o ficción, lo cierto es que nuestra ciudad está llena de romanticismo, historia y leyendas como este Callejón del Centinela.