El carnicero que fue acusado de gran bandido y fusilado en el Cuartel del Príncipe

El carnicero que fue acusado de gran bandido y fusilado en el Cuartel del Príncipe

enero 15, 2018 Off By

Noticias del pasado

José Siroub, gobernador de Guanajuato en 1915.

El Cuartel de San Pedro, conocido ahora como el estacionamiento del Vips, y antiguamente como Cuartel del Regimiento del Príncipe, ha sido a través de la historia escenario de hechos de gran trascendencia, sobre todo en la Guerra de Independencia al alojarse ahí el cura Hidalgo cuando llegó a intimar al intendente Riaño el 28 de septiembre de 1810.

Sin embargo, el suceso que ahora nos ocupa ocurrió hace exactamente 88 años, cuando en plena vorágine revolucionaria fue fusilado ahí un honrado comerciante cuyo único pecado era estar en contra de las injustas leyes ordenadas por el gobernador de esa época, 1915, el queretano José Siorub.

Mateo Fernández era el nombre del dueño de una carnicería en la calle de Desterrados (hoy Sangre de Cristo), cuya generosidad era bien conocida por el pueblo de Guanajuato de principios del siglo XX. Tenía el hombre su casa por el Callejón del Espinazo, donde vivía con su esposa Clementina, dama de gran corazón cuyas virtudes eran bien conocidas en el vecindario.

La pareja no había sido bendecida con hijos, no obstante que ambos eran asiduos concurrentes al templo de San Sebastián y cada que podían ayudaban a las obras de caridad que emprendía el inolvidable padre Jorgito.

Sin embargo, la situación política que a partir de 1913 se vivió en el país, tras el asesinato del presidente Madero, se volvió de gran inestabilidad, sobre todo para los comerciantes que eran obligados por el gobierno en turno a recibir o a rechazar billetes, todo dependía de quién en ese momento estuviera en el gobierno: carrancistas, villistas, obregonistas, etc.

Acá en Guanajuato la agitación política y popular que se vivía no era diferente al resto del país, y así desfilaban uno tras otro jefes políticos y gobernadores. Y todos cada que llegaban dictaban leyes y emitían decretos, en especial contra el comercio, prohibiendo o permitiendo según el caso, la venta de bebidas alcohólicas, y determinando precio a los comestibles, así como aumentando por cuatro los impuestos a los comerciantes.

Así llega el año de 1915 y en mayo, Álvaro Obregón nombra al queretano José Siorub como gobernador de Guanajuato; apenas asume el cargo, este personaje prohíbe la venta de bebidas alcohólicas y decreta la pena capital para aquellos comerciantes que oculten o encarezcan los comestibles, ya que la hambruna era terrible. A su vez nombra a Gonzalo Aguiar como Proboste de Quejas, para ser él quien reciba denuncias de la población contra comerciantes.

Y así comienza una cruenta persecución en contra de comerciantes, a quienes se castiga con multas o decomiso de mercancía sin siquiera hacer un juicio, sino únicamente con base en acusaciones de la gente, o hasta simples rumores. De esta forma el 16 de septiembre es sorprendido Marcos Ceballos con una carga de manteca y frijol que pretendía llevar a la capital del país, por lo que es encarcelado, pero sale libre gracias a una multa que pagan sus familiares.

Las escenas de desesperación comienzan a verse en todas partes de la ciudad, con aglomeraciones sobre todo en expendios de maíz donde la gente pelea por obtener, aunque sea un poco del preciado grano, y se libran riñas con saldo de heridos. En los expendios de leche suceden escenas similares, no obstante, el desorbitado precio a que es expendida, de un peso el litro, cuando apenas un mes antes el precio era de 30 centavos.

Enemigo declarado de la Iglesia Católica, José Siorub destierra de inmediato al padre Víctor Redondo, capellán de Belén, e invade con sus tropas el templo, lo que ocasiona el descontento de los guanajuatenses que tenían en gran estima al sacerdote. Y todavía cita a los miembros del clero a una junta, para ordenarles que quienes tengan propiedades, deberán entregarlas al gobierno.

Posteriormente ordena Siorub la exclaustración y destierro de las Damas del Sagrado Corazón, que sostenían una escuela en el Paseo de la Presa, hasta que por último decreta la clausura del Orfanatorio del Buen Pastor que atendían unas humildes religiosas en la Calzada de Guadalupe.

Tan impopulares medidas crean descontento entre la población, en especial de los fieles católicos, entre ellos don Mateo Fernández, quien, no obstante las amenazas de Siorub ofrece carne barata a la gente humilde, en su comercio de la calle de Desterrados. Pero su coraje es tanto que expresa su sentimiento de rechazo contra aquellas sacrílegas medidas, y sus reclamos son escuchados por muchas personas hasta llegar a oídos de Gonzalo Aguiar, el Proboste.

De esta forma, el 14 de noviembre de 1915 una escolta de soldados llega hasta la carnicería de don Mateo y sin más explicaciones lo aprehenden, para llevarlo de inmediato al Cuartel de San Pedro, donde se le acusa de gran bandido y es enclaustrado en una de las celdas. La gente que se da cuenta acude a la casa del comerciante y avisa a su esposa Clementina, quien va y aboga por su marido.

Frente al cuartel donde el hombre está preso, un numeroso grupo de personas se reúne para tratar de defender su honradez, pero ni el gobernador Siorub ni el jefe político Cecilio García toman en cuenta las manifestaciones, por lo que al siguiente día muy temprano y sin previo juicio, don Mateo Fernández muere fusilado.

La consternación que este crimen causó en el sentimiento de la población fue inmensa, pues la gente lo consideraba un hombre bueno y generoso; nunca nadie creyó que haya sido, como lo dijo el gobierno, un gran bandido, y todo el pueblo supo que de esta forma el gobernador José Siorub se vengaba de uno de los ciudadanos que estaba en contra de las disposiciones que él dictaba.