El espía de los Hospitales

Existe una muy interesante leyenda acerca de un supuesto espía, surgida a principios del siglo XX; era un enano que por el rumbo vivía, vestía siempre elegantes prendas de segunda mano, ajustadas a su pequeña estatura. Usaba un sombrero tipo carrete y a pesar de que en esa época no se estilaba fumar puro en esta ciudad, porque escasearon durante esa primera década porfiriana del siglo, él los fumaba de vez en cuando con mucha afectación.

En un estanquillo diminuto como él, ubicado en la Calzada de Guadalupe, vendía el periódico llamado El campeón de la fe. Sostenía contra viento y marea que él era el redactor principal de esta gaceta, aunque en Guanajuato los notables sabían que don Luis Acevedo de León, personero y esbirro en Guanajuato de don Porfirio Díaz, se los regalaba por caridad para que sobrellevara su miseria.

A cambio, aquel fámulo porfirista de tercer rango exigía al enano que lo mantuviera informado sobre los presuntos cabecillas mineros, enemigos del dictador.

Otro atributo de este hombrecillo era su imaginación fantasiosa. Presumía ser muy culto y que lo habían educado en Inglaterra bajo el techo de una familia distinguida, si bien muchos boleros y cargadores de Guanajuato estaban enterados de la infancia y juventud de este hombre en Acámbaro. Su lengua era venenosa contra todo aquel que no le prodigara respeto y temor.

En la víspera del estallido de la Revolución, un buen día el enano desapareció de la ciudad sin que nadie a ciencia cierta adivinara su destino. Algunos indicios señalan que murió y que su tumba yace cerca de la de don Porfirio, en el cementerio de Montparnasse en París. La relación de sus actividades como espía está por escribirse. Era conocido como Nudo en el barrio de los Hospitales donde tenía su casa. Y es casi seguro que ya nadie lo recuerda.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *