Alfeñique: una dulce tradición heredada de generación en generación

Como todas y cada una de las tradiciones que forman parte de la cultura e identidad de los habitantes de esta ciudad, la elaboración y venta del tradicional dulce artesanal, conocido como alfeñique es también una práctica que se hereda de generación en generación, entre las familias cuevaneses.

Para este inolvidable 2020, que ha dejado marcados para siempre a las presentes generaciones por la pandemia del Covid19, la añeja labor de producir figuras de diversos estilos, colores y sabores para honrar a los fieles difuntos no ha pasado de moda.

Desde el pasado 19 de octubre y hasta el próximo 2 de noviembre, unos 50 artesanos, pero especialmente artesanas, exponen sus creaciones en el Jardín Reforma y la Plaza del Músico.

Ahí, en sus puestos, las manos expertas y llenas de una experiencia inigualable dan testimonio de una artesanía que al paso del tiempo se ha convertido en toda una tradición, que se elabora en casa, bajo el calor de cada uno de los integrantes de las familias.

Y esa costumbre de dar forma en diversas piezas, tonos, colores y sabores a una combinación de azúcar glass y pasta de la misma la mantienen viva también en esos hogares, que han encontrado en esta práctica una fuente de ingresos.

El alfeñique, como muchas de nuestras tradiciones, se remontan en su inicio a la época de la colonia, cuando los españoles que llegaron a tierras de la antigua Nueva España introdujeron estos y otros elementos que dieron forma a la identidad cultural de nuestros antepasados.

Con el paso del tiempo, la práctica fue adquiriendo interés por parte de las familias que con su sola participación dieron forma a una tradición, en la cual participan grandes y pequeños.

De haber iniciado unas cuantas familias, con unas pocas piezas, ahora el alfeñique forma parte de una fecha importante en nuestro calendario y muchos la esperan con ansias para mostrar su destreza y llevar hasta los hogares guanajuatenses, una práctica completamente artesanal.

Y son las familias y sus integrantes las que dan forma a una muestra más de la diversidad y pluralidad del arte y la cultura popular, que ha sabido combinar de manera perfecta las enseñanzas que fueron traídas por los conquistadores y luego perfeccionadas por nuestros artesanos.

Familias que se dedican a esta labor y con ello dan forma y vida a una tradición hay muchas, y en esta ocasión sólo por poner un ejemplo y no excluir a nadie, mencionaremos el caso de los Zárate y Ramos.

En el caso de la familia Zárate, como explicó Rosa, quien atiende un puesto en jardín Reforma, ya es la tercera generación que se involucra en la elaboración de esta dulce artesanía, la cual inició su mamá hace ya cerca de 50 años.

“Pensamos que este año por lo de la enfermedad no nos iban a dejar vender, pero nos dejaron y poco a poco la gente se acerca y comienza a comprar”, dijo Rosa Zárate.

No es una labor sencilla pues primero hay que adquirir y seleccionar los materiales, como azúcar, los colorantes y saborizantes, luego iniciar un proceso que debe culminar con una pasta que sirve para dar forma a diversos aspectos, productos y texturas.

Una vez listos hay que llevarlos a los espacios dedicados a la venta, donde la gente compra figuras como: calaveras, frutas, verduras, animales, personajes de cine y televisión, criptas, ataúdes, canastas y demás que muestran el ingenio popular.

En la familia Ramos también la tradición ya ha abarcado tres generaciones y sus nuevos integrantes la mantienen viva, debido a que es uno de los pasatiempos favoritos de los integrantes con más años y experiencia.
“Es una labor que a mi madre le gusta mucho y trabaja con mucho empeño y dedicación, por eso también nosotros la apoyamos a que se sienta bien contenta”, afirmó Mercedes Ramos.

Por Osvaldo García Ledesma

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *