Son los callejones de Guanajuato un atractivo para propios y extraños

Juan David Romero

Los callejones de Guanajuato son un atractivo para propios y extraños por su peculiar fisionomía, ya que estas estrechas callejuelas van desde los 70 centímetros de ancho.

Uno de ellos es el del Beso, con 73 centímetros de ancho, mismo que le da sustento a los locatarios cercanos por la gran afluencia de turistas que asisten hasta el para escuchar la leyenda que le ha dado la fama; la tragedia amorosa de Ana y Carlos tiene como escenario el diminuto Callejón del Beso, que según el relato de Salvador Ponce de León, esta joven pareja vivió el profundo desamor cuando al morir la joven a causa de una puñalada, su siempre amado Carlos le plantó un beso en el balcón de la pequeña callejuela, lo que le dio el romántico nombre.

Por su parte, el callejón del Infierno con una estrechez de 78 centímetros, posee una leyenda que le da cierta popularidad entre los demás, pues según el relato de Ezequiel Almanza Carranza, un hombre que trabajaba en la mina de Rayas, con cierta afición al alcohol, asevera haber entrado al infierno por una puerta oculta en ese callejón.

El minero Florentino Montenegro, protagonista de dicha leyenda, solía asistir a una taberna de la cual salía en completo estado de ebriedad a plenas horas de la madrugada, y una fría noche de invierno la vida de vicioso hombre cambió por completo, pues una mujer de muy buen ver le llevaría a la hoguera infernal para después dejarlo en la parte más estrecha del callejón.

Actualmente el callejón del Infierno luce tranquilo por el día, aunque a decir de los vecinos es difícil de que alguien ajeno entre a la oscuridad que envuelve a esta pequeña vialidad.

Otra estrecha callejuela se encuentra en la bajada del Tecolote, el callejón del Chalico llega a medir únicamente 72 centímetros.
Algunos vecinos del lugar comentan que es toda una odisea mudarse al Chalico, ya que las pequeñas dimensiones del callejón hacen casi imposible transportar muebles de gran tamaño y tienen que buscar la forma de introducirlos a sus hogares.

Uno de los callejones transversales a la calle Insurgencia es el del Bosque, muy cerca de la entrada al túnel de Tamazuca; esta pequeña vialidad comienza con una irregular rampa de apenas 74 centímetros de ancho.

Entre las principales quejas de los vecinos de esta vialidad son los problemas de salubridad que acarrea consigo la poca seguridad del callejón del Bosque, pues como mencionan sus habitantes, esta vialidad es utilizada por algunos para hacer sus necesidades, por lo que es común encontrar desechos en la entrada.

Para las personas de avanzada edad la estrechez del callejón suele ser un importante apoyo para sus lentos pasos que aprovechan la cercanía de las paredes para sostenerse, pero conforme avanza cuesta arriba enfrentan la mala distribución de los escalones.

Otra de las desventajas para estas familias es de igual forma tener que mover muebles, pues de hacerlo tienen que rodear una gran distancia hacia lado contrario en donde las dimensiones del callejón se van haciendo más grandes.

Estos son unos de los callejones más angostos de esta ciudad, aunque falta el más estrecho de todos, aún más que los ya mencionados: una minúscula vialidad muy cerca del Jardín del Cantador, misma que no cuenta con la popularidad de otros pero que apenas sobrepasa el medio metro de anchura.

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