Cierran sus puertas jardines Florencio Antillón y el Cantador

Una vez más la naturaleza y la escasa conciencia social se combinaron de manera perfecta para mostrarnos a los humanos lo insignificante que somos en nuestro paso por este mundo y ello quedó demostrado cuando autoridades municipales cerraron de manera temporal los jardines Florencio Antillón y el Cantador, tal vez los dos más famosos e importantes de la ciudad.

Co una historia inigualable, ambos espacios públicos llenos de historias, anécdotas y un sinfín de encuentros tuvieron que ser cerrados debido a la pandemia del Covid-19, como una forma de evitar contagios en la ciudad, ante la negativa de la gente de no acudir a ellos y permanecer en sus casas.

Las autoridades no tuvieron otro remedio que cerrar estos únicos e inigualables espacios públicos de la ciudad, debido a la actitud de cerrazón de la gente, que en todo momento se resistió a las medidas preventivas, impuestas por la llegada a nuestra ciudad del coronavirus y desobedeció la instrucción de quedarse en casa.

Ahora, los dos lugares lucen sus puertas cerradas y sus pasillos, kioscos, fuentes y bancas no son más frecuentadas por las personas, esas mismas que no obedecieron y que con ello ocasionaron ver cerrados estos lugares, entrañables para sus miles de habitantes.

Hoy, con sus puertas cerradas estos lugares evocan la nostalgia de aquellos días de convivencia entre amigos, familias, parejas y demás que siempre los tenían en mente como un lugar para sano esparcimiento y la recreación de chicos y grandes.

Sólo recorrerlos por su exterior y ver sus plantas y árboles luciendo colores bellos y llamativos, así como el canto de las aves que permiten la reflexión y la evocación de mejores tiempos, nos recuerda que ambos lugares fueron nuestros y como siempre no supimos aprovecharlos y darles el lugar que merecen.

Quien de todos los habitantes de la ciudad no ha acudido varias veces en su vida a estos lugares, como una forma de distraerse o por el simple hecho de sentarse bajo las apacibles sombras de los árboles, algo que ahora no podemos hacer y que no sabemos cuándo podamos volver a ellos.

Y no es el apocalipsis ni mucho menos lo que ha ocasionado este escenario, digno de una película de suspenso, en donde todos tenemos que estar en casa, debido a la presencia de un enemigo invisible, que nos ha puesto en nuestro lugar y nos ha hecho entender lo insignificante que somos los seres humanos.

Hoy que tenemos mucho tiempo libre, no podemos estar en los lugares que nos gusta, tampoco se puede recorrer estos dos sitios con nuestros hijos, con nuestras familias, con nuestras parejas.

La historia una vez más nos recuerda, que quien no la conoce está condenado a repetirla y mencionamos esto porque en México y Guanajuato se supone que todos teníamos experiencia sobre el manejo de crisis sanitarias por un virus, como fe el caso de la epidemia de la influenza AH1N1, que afectó a México en 2009 y pate de 2010.

Sin embargo, a la luz de los hechos actuales es claro que nada aprendimos de esa experiencia y las pruebas hoy salen a luz con toda claridad para restregarnos en nuestra cara, la inconciencia colectiva de la cual sólo es capaz el género humano.

No sabemos cuánto tiempo vayan a permanecer cerrados estos dos jardines, que son parte de nuestras vidas y que hoy lucen sin gente, esa misma gente que por no atender y entender los llamados de la autoridad ocasionó su cierre y con ello nos privó de estos espacios.

Historia de ambos jardines

El jardín del Cantador, situado en la zona centro de la ciudad, sobre la calle del mismo nombre, a un costado de la calle Miguel Hidalgo es el único parque urbano en la localidad, donde la gente se ejercita, convive con su familia y algunos hasta inician romances.

Su nombre se debe a José Carpio, un minero que por las noches y las tardes del siglo XVIII se sentaba a cantar en la Hacienda de Carpio, justo donde desde 1898 se construyó el jardín.

En su interior cuenta con un kiosco en forma circular, así como cuatro puertas, fuentes y alguna vez estanque para patos, pero fue en 1900 cuando el kiosco fue colocado al centro del jardín, donde se ubica actualmente.

Su última rehabilitación ocurrió en 2011, cuando se colocó piso a base de cantera verde y adoquín rosa, además de que por esos mismos años inició la colocación de los bustos de los guanajuatenses distinguidos.

Por su parte, el jardín Florencio Antillón, se ubica en Paseo de la Presa, a un costado de Palacio de Gobierno y el templo de la Asunción fue inaugurado en 1847, pero fue hasta 1902 que recibió el nombre oficial, en honor al destacado militar.

Su interior es suntuoso y atractivo por el intenso color verde que le dan las especies de árboles y vegetales como: eucaliptos, fresnos, tabachines, jacarandas, truenos, bugambilias, entre otros, por lo que también recibe el mote de parque de las acacias.

En él se ubica un kiosco de forma octagonal, hecho a base de madera tallada, que le da un toque de distinción, además de una fuente circular y pasillos llenos de flores y el aroma de todas ellas.

Osvaldo García Ledesma

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