Luchan contra el olvido en la comunidad de Peregrina

Luchan contra el olvido en la comunidad de Peregrina

noviembre 28, 2018 Off By

Con apenas 176 habitantes registrados de manera oficial, quienes se agrupan en apenas 47 familias, la comunidad de Peregrina lucha por evitar el olvido de autoridades y residentes de la Capital del Estado, en medio de la marginación y falta de oportunidades para quienes aquí viven.

Situada en la zona oriente de la ciudad, en las cercanías de la zona serrana de Santa Rosa y colindando con poblaciones rurales de origen minero como el Cubo y el Monte de San Nicolás, se ubica a una altura de 2 mil 463 metros sobre el nivel del mar y a casi 20 kilómetros de distancia de la cabecera municipal.

Su existencia y subsistencia se debe a la presencia de dos minas o tiros, la mina San Francisco y Santa Lucía, esta última en activo desde 1960 cuando fue abierta y generó fuentes de empleo para sus habitantes y otros de poblaciones cercanas.

Actualmente, Santa Lucía se mantiene en activo y aunque a lo largo de las dos últimas décadas ha sufrido varios paros técnicos, sigue siendo explotada por la empresa de capital canadiense, Endeavuor Silver, que a la vez también es concesionaria de la mina del Cubo.

En este lugar, a donde se tiene que llegar por caminos de terracería que sólo reciben mantenimiento por parte de la empresa minera que ahí sienta sus actividades, no hay servicios públicos, tampoco centros escolares o bien alternativas de fuentes de empleo.

Pese a ello, las 96 mujeres y 86 hombres que se reconocen oficialmente sobreviven sin servicios de transporte público, seguridad pública, alumbrado público, además de que el agua potable y la luz eléctrica son limitados, pues no todos sus habitantes tienen acceso a ellos.

Para solventar sus diversas necesidades, en especial de alimentación y salud, la gente tiene que viajar hasta la ciudad de Guanajuato, toda una travesía para la mayor parte de sus pobladores, que de paso carecen de algún medio de transporte propio.

Lo mismo empleados de la mina cercana, que quienes trabajan o estudian en poblaciones rurales cercanas, tienen que caminar para poder llegar a sus destinos, debido a la carencia de transporte público.

Las calles del poblado mal trazadas y ubicadas, lo que ha ocasionado que ocasionado que las casas estén muy dispersas unas de otras, cuentan con muy pocos negocios o tiendas, que no siempre tienen los productos que la población necesita.

Y aquí, casi en medio de la nada la gente se ha acostumbrado a vivir, como el caso de Pedro Álvarez Ramírez, quien ha visto pasar los 47 años de su vida en estos parajes llenos de belleza natural, pero que también evidencian la pobreza y marginación en que viven.

“Para acá está muy retirado y sólo en la hay trabajo pero sólo para mayores de edad. Los que estudian se van a otras comunidades de cerca o hasta Guanajuato”; dijo.

Uno de los problemas más fuertes que tienen es la ausencia de un centro o clínica de salud, pues el más cercano se ubica en el Cubo, pero por su alta demanda no alcanza a brindar atención a todos.

Si un menor de edad, un adulto mayor o cualquier persona se enferma hasta de una simple gripe, las complicaciones suelen hacer más fuertes los daños y efectos, al carecerse de un sitio adecuado para atenderse.

“Cuando hay enfermedades es mucho el problema porque no hay a donde ir y vamos hasta el Cubo o Guanajuato, pero lo malo es que no hay ni cómo moverse”, afirmó.

Recorrer esta población es como retroceder en el tiempo, con paredes de casas hechas en siglo XX, en medio de cerros y lomas que parecen resguardarlos celosamente de los embates de la modernidad, aunque algunas casas cuentan con antenas de señal de televisión satelital.

Por: Osvaldo García Ledesma