Desde hace 40 años, doña Lupe López se gana la vida vendiendo flores en el Baratillo

Osvaldo García Ledesma

Desde hace 40 años, la figura de una mujer rodeada de flores resalta entre la zona que abarca la plazuela del Baratillo, donde el bullicio del comercio, compradores y turistas da testimonio de su presencia.

Esa mujer es doña, Guadalupe López Valdivia, originaria de la vecina ciudad de Silao, quien a lo largo de las últimas cuatro décadas ha encontrado en la venta de flores, el medio de sustento y una forma de contribuir al sostenimiento de su familia.

De trato amable y atento, esta mujer que ya se acerca a la etapa conocida como “adulta mayor” también forma parte de un paisaje urbano, que pese al paso de los años se mantiene como en los tiempos pasados.

Su voz resuena en todo el espacio que da forma a este histórico sitio, sobre todo cuando saluda a las personas que pasan por ahí o bien cuando atiende a sus clientes y les ofrece piezas florales para adornar el interior hogares, algunos festejos y hasta tumbas.

Quienes la conocen y la han tratado durante este tiempo saben de su origen humilde y por eso es atenta y educada con cualquiera que se le acerque, pues los mismo charla con las personas que pasan, que con quienes le compran sus flores.

Su presencia en el sitio es sinónimo de trabajo porque ha encontrado en este oficio una forma de salir adelante y ser una mujer que es y existe por sí misma, sin tener que esperar el apoyo o respaldo de algo y de alguien.

“Yo empecé aquí hace 40 años para tener de donde sacar para mantener a la familia. Vengo desde Silao y todos los días tomo el camión que sale a las 7:00 de la mañana para llegar y vender estas flores”; dijo.

Con su vista clavada en flores que adorna con piezas de hojas de cedro y nube, ofrece rosas, claveles, gladiolas, polares, entre otras a las personas que llegan hasta donde se ubica para comprarle una docena de ellas o algo por el estilo.

En su rostro curtido por el paso del tiempo es claro que su vida no ha sido fácil y ella resiste al embate de los elementos como el frío, el calor o la lluvia y hace todo lo posible por nunca faltar a su trabajo.

“Las flores me las traen desde México o León y luego desde mi casa me las traigo para ofrecerlas a mis clientes y personas que las buscan porque son algo que la gente, aunque sea poquito siempre compra”, afirmó.

Aunque no todos los días y épocas del año son buenas para la venta, hay fechas en donde se venden más estas piezas que la naturaleza ofrece para ornamentar diversos espacios públicos y privados.

Fechas como el 10 de mayo, el Día de los Muertos, el Día de la Virgen de Guadalupe y la Nochebuena son las cuales en donde logra mejores ventas, lo que le permite seguir con su trabajo y como ella misma dice: “mantenerse viva”.

Ella ha encontrado entre los comerciantes de la zona y vecinos de los barrios y callejones cercanos a personas con las que ha entablado una buena amistad y hay quienes puntualmente le compran sus flores.

En su mente aún está presente el momento cuando decidió iniciarse en esta actividad allá por los inicios de la década de 1 mil 980, el cual no fue fácil, pero ha logrado salir adelante y hoy está presente en la memoria de miles de habitantes de esta ciudad.

Recuerda que no fue sencillo y debido a que tenía que trasladarse desde Silao en camión, le era algo complicado, por lo que poco a poco logró sobreponerse para ser una pieza infaltable en este histórico y turístico sitio de la Capital del Estado.

Su lugar no es ocupado por nadie que no sea ella y puntualmente cumple con el pago de sus contribuciones y refrendos para seguir con esta labor, que también le ha brindado una forma de vida.

Esta mujer es una clara muestra y el vivo ejemplo de que cuando se busca salir adelante no hay impedimento alguno para lograrlo. Su presencia será recordada por años enteros y seguramente habrá generaciones que den testimonio de su labor y existencia.

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