En condiciones insalubres vivían reos de la Alhóndiga de Granaditas

En condiciones insalubres vivían reos de la Alhóndiga de Granaditas

junio 25, 2018 Off By

Durante la época en que el edifico de la Alhóndiga de Granaditas funcionó como prisión, fueron frecuentes los reclamos de quienes ahí se encontraban recluidos, tanto hombres como mujeres, en el sentido de no contar con los petates suficientes para dormir y tener que comer tortillas mal cocidas.

Este problema inició a partir de la orden dictada por Maximiliano de Habsburgo en 1864 de trasladar a la población penitenciaria de la Real Cárcel situada en el inmueble de la actual Presidencia Municipal a la Alhóndiga de Granaditas a fin de proporcionarles un lugar más digno, pese a ello, las condiciones de la población penitenciaria no mejoraron debido a las malas administraciones existentes dentro de este centro de reclusión, lo cual provocaría en 1871 quejas de que hacían falta de petates y de que muchas tortillas estaban crudas.

Para 1873, los reclamos también incluyeron malestar por las malas condiciones en las cuales se encontraban las celdas, la mala calidad de la alimentación recibida, el sentir frío en invierno por la falta de cobijas y tener que dormir muy amontonados.

Lo anterior generalmente era externado por los reclusos a los abogados defensores cuando recibían su visita dentro del Locutorio, esta queja también existía al interior de este centro penitenciario, sin embargo, las autoridades no remediaban la situación y se echaban la culpa mutuamente entre el ayuntamiento municipal y los rectores del aludido centro de reclusión.

Ante esas circunstancias el gobierno estatal decidió adoptar el modelo estadounidense en materia de reclusorios, disponiendo de cárceles específicas para hombres y para mujeres, tener espacios destinados a personas detenidas temporalmente, separándolas de los reos quienes ya compurgaban una sentencia, con la intención de que en la soledad quienes delinquieron reflexionaran sobre los delitos cometidos, se arrepintieran de ello y así rehabilitarse integralmente, para poder regresar a la sociedad como hombres de bien.

Debido a eso surgió el primer código penal dentro de nuestra entidad en 1881, y que también sería el primero a nivel nacional, dentro del que se contemplaban leyes más justas y claras elaboradas por connotados abogados.

De esta forma implementaba una política tendiente a rehabilitar socialmente a los reos de una manera integral enseñándolos a leer y escribir, proporcionarles talleres con la intención de que aprendieran un oficio, darles una alimentación sana y espacios higiénicos y dignos donde vivir dentro de las penitenciarias.

En consecuencia, a partir de 1889, los individuos recluidos dentro de la Alhóndiga de Granaditas empezaron a recibir petates cuatro veces al año pues el Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Guanajuato con estas acciones intentaba resolver la problemática de la falta de petates para dormir, expresada por los reos a los visitadores de dicha prisión.

Hacia 1917 los reclusos se quejaron insistentemente de que había muchos escurrimientos de agua al interior de las celdas, lo cual afortunadamente fue atendido y solucionado por las autoridades respectivas.

Por su parte, las mujeres recluidas en la Alhóndiga de Granaditas por haber cometido algún ilícito se quejaban básicamente de la mala infraestructura existente en las galeras donde estaban viviendo de los insultos que recibían y del excesivo trabajo a que se les sometía al tener que preparar diariamente los alimentos para una población penitenciaria masculina cercana a los 400 individuos o tal vez un poco superior.

Pues ellas insistían en que se trataba de una labor agotadora, porque para efectuarla solamente había entre 30 y 40 reclusas, quienes iniciaban sus actividades como cocineras desde el amanecer hasta la tarde noche cuando concluían dichos trabajos que incluían también la limpieza de los trastes sucios, de las vasijas, las ollas y otros recipientes utilizados en la preparación de los alimentos, en donde además de los frijoles, el atole y las verduras estaban las tortillas, igualmente argumentaban que se les proporcionaba leña verde para preparar los alimentos, la cual no arde adecuadamente debido a la presencia de la sabia de los árboles y de que los metates eran de mala calidad y eso les ocasionaba lesiones en las manos al moler el maíz destinado a la elaboración de las tortillas.

Las autoridades entonces contrataron fatigueras (mujeres a las que se les pagaba 30 centavos diarios con el propósito de que ayudaran a las reclusas en sus labores cotidianas), pero esto no solucionaría el problema porque a las fatigueras no se les daba su sueldo oportunamente y a veces se les quedaba a deber dinero.

También existieron casos de mujeres sentenciadas a compurgar una pena dentro de algunos centros de reclusión, quienes fueron objeto de abuso sexual llevado a cabo por jueces y funcionarios de las autoridades locales.

Lo anterior, generalmente era externado por las reclusas a los abogados defensores de oficio cuando recibían la visita de tales litigantes dentro del Locutorio, esta queja también existía al interior de este centro penitenciario, sin embargo las autoridades a pesar de ello no remediaban la situación.

Cabe mencionar que las quejas de las reas comenzaron a presentarse en 1876, y continuaron prácticamente hasta 1945 cuando la Alhóndiga de Granaditas dejaría de ser una penitenciaría estatal.

Debido a lo anterior, en su momento hubo críticas en contra de quienes estaban al frente de esa penitenciaría estatal, acusándolas de practicar una esclavitud en perjuicio de las mujeres, ya que el noventa por ciento de las personas ahí recluidas eran hombres, y sin embargo no los ponían a que ayudaran a las reclusas en sus actividades diarias.

Gustavo Cabrera Flores