Es el Panteón de San Sebastián un lugar lleno de historia

Hay datos de que hacia 1775 ya se realizaban oficios religiosos en el templo de San Sebastián, que entonces estaba prácticamente fuera de la ciudad de Guanajuato, en lo que era un cementerio desde 1760, aunque su estreno se tiene registrado oficialmente, según las Efemérides Guanajuatenses de don Lucio Marmolejo, en el año de 1782.

Con casi 260 años al servicio de la feligresía, este recinto religioso se mantiene como uno de los edificios históricos más emblemáticos de la Capital del Estado, pues además de ser considerada una joya, en su cementerio fueron sepultados importantes personajes de la Colonia y ahí estuvieron las cabezas de los héroes de la Independencia.

No obstante la importancia que el templo de San Sebastián representa para la historia de esta ciudad, a través de todas las épocas es poca la atención que se le ha dado para su conservación y mantenimiento, circunstancia que hoy tiene a este sacro edificio en malas condiciones estructurales y se realizan esfuerzos por salvarlo.

Al frente de una cruzada en la búsqueda de recursos económicos para invertirlos en la atención al templo de San Sebastián estuvo el Padre Juan Rodríguez Alba, quien fue apoyado por gente generosa como el vocero de la abadía, José Enrique Farfán, y profesionistas como el ingeniero José Luis Alvarado González y el restaurador Alfonso Martín.

Desde principios del año 2012 el grupo se dio a la tarea de solicitar unos y dar aportaciones otros para poder atender las necesidades del templo, que con grietas evidentes en su techumbre amenazaba con filtraciones importantes de agua de lluvia, al igual que su cúpula que resienten ya el paso de los años sin mantenimiento.

Informó entonces el vocero Enrique Farfán que por fortuna algunos diputados de la anterior legislatura entendieron la necesidad de apoyar el rescate de este viejo recinto religioso, y en forma personal donaron una parte de sus ingresos con lo que se pudo hacer la impermeabilización de parte de las azoteas, las que estaban más dañadas.

Así con esos recursos y con la intervención desinteresada del ingeniero José Luis Alvarado y su empresa “Grupo Gallo” en estos trabajos de impermeabilización se pudo evitar que el agua de las lluvias se filtrara hacia el coro, que era el lugar donde se temía que ocurrieran daños irreversibles por la magnitud de las grietas.

Sin embargo, el dinero reunido no fue suficiente para poder atender una gran grieta que corre desde la azotea hacia abajo hasta la puerta principal del templo, donde se requiere para remediar este problema aplicar una inyección de concreto, con acciones y materiales que implicarían una inversión de al menos un millón y medio de pesos.
Explicó José Enrique Farfán que para la ejecución de esta obra se contó el permiso del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el INAH, y se hicieron gestiones ante las tres instancias de gobierno –municipal, estatal y federal– para la obtención de recursos económicos con los que se puedan realizar los trabajos necesarios.

Entre estos también se incluye el rescate de valiosas obras pictóricas que con el paso de los años se han ido dañando, entre ellas una Virgen de Guadalupe, otra titulada La visita de la Virgen María a su prima Santa Isabel, y una más de Las benditas ánimas del purgatorio, que fueron intervenidas por el restaurador Alfonso Martín.

Inclusive a la ciudad de México acudió en esos días José Enrique Farfán invitado a la toma de posesión del presidente Enrique Peña Nieto, donde aprovecharía la ocasión para entregar al nuevo mandatario una solicitud de apoyo firmada por el Padre Juan Rodríguez para obtener recursos para el rescate del viejo templo de San Sebastián.

Un lugar lleno de historia

De acuerdo a información del historiador Eduardo Vidaurri Aréchiga, en entrevista del periodista Salvador Contreras para Televisa Bajío, para 1760 a extramuros de la ciudad de Guanajuato estaba el cementerio de San Sebastián a donde iban cada domingo los integrantes de la cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio a orar por los difuntos.

De entre los muertos ilustres que fueron sepultados en el panteón de San Sebastián se cuenta al primer conde de Valenciana, don Antonio de Obregón y Alcocer en 1786, y años después, luego de la batalla en la Alhóndiga de Granaditas en septiembre de 1810, el camposanto recibió cientos de cuerpos de insurgentes y realistas.

Luego del fusilamiento de los héroes independentistas Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, sus cabezas fueron colgadas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas donde estuvieron casi diez años, hasta que el 28 de marzo de 1821 fueron quitadas y sepultadas en el panteón de San Sebastián.

Ahí permanecieron poco más de dos años, hasta el 19 de julio de 1823 cuando fueron conducidas a la capital del país y depositadas primeramente en la Catedral Metropolitana, y luego en forma definitiva en la Columna de la Independencia; acá en el panteón de San Sebastián se construyó un cenotafio para recordar este acontecimiento.

Todo esto convierte al panteón y templo de San Sebastián en uno de los lugares más emblemáticos e históricos de la ciudad de Guanajuato, y representa por ello un potencial sitio turístico, no obstante que a través de los años ha sido muy poca la atención que se le ha brindado por parte de las autoridades.

Capilla del Señor de Gutiérrez

Anexo al templo de San Sebastián y por la privada con este nombre, en el barrio de Pastita, está otro viejo edificio aún más antiguo que alberga la pequeña Capilla del Señor de Gutiérrez, donde se venera un impresionante Cristo negro; su edificación se debe a don Francisco Gutiérrez de la Madrid, que hacia 1700 era propietario de la hacienda de San Jerónimo, y seguramente de este personaje toma el nombre.

Y al igual que el templo de San Sebastián, también la Capilla del Señor de Gutiérrez requiere atención urgente, pues las condiciones estructurales que el edificio presenta en su techumbre y en sus muros son riesgosas, sobre todo porque ahí reciben doctrina semanalmente niños del barrio de Pastita.

Además de su Cristo negro que preside el altar de la Capilla de Gutiérrez, atesora también otras imágenes antiquísimas, como una de San Sebastián que aparece asaeteado, recostado, y otra de una virgen que fue rescatada por el encargado del templo, Marco Vergara Córdova, que la halló abandonada.

También en los muros de esta capilla se conservan los retratos de los sacerdotes que han estado al cargo de la feligresía de Pastita, entre ellos el Padre Pedro Barrón, el recordado don Guadalupe Fonseca, el vicario diocesano Juan Rodríguez Alba y, desde luego, el “santo” de los guanajuatenses Padre Jorgito López.

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