La calle de los Desterrados

David Romero

Se dice que allá por el siglo XVII, los habitantes de Guanajuato desterraban a los ladrones, salteadores y asesinos de la época. Eran conducidos hasta la orilla de la ciudad que tenía sus límites en la hacienda de beneficio de San Pedro hasta llegar al río de Paxtitlán.

Desde entonces, la gente comenzó a llamar este lugar como “Los Desterrados” así se le conoció por mucho tiempo hasta que cambió a “Sangre de Cristo”.

En el siglo XX, las autoridades municipales optaron por bautizar este lugar como Felipe Carrillo Puerto, en honor al gobernador yucateco y caudillo revolucionario que murió fusilado el 3 de enero de 1924 en Mérida, Yucatán.

Otra versión del nombre de Desterrados la da el libro Guanajuato: calles, callejones, plazas y plazuelas del autor Alfonso Prado Soto, donde se dice que a finales del siglo XIX varios obreros de origen polaco y ruso llegaron contratados por la compañía Anglo-Mexicana para trabajar en las minas de la empresa y en las instalaciones del patio de la misma, ubicadas en lo que es ahora la escuela Luis González Obregón y el hotel Embajadoras, zona conocida entonces como San Agustín.

Y sucedió que por la nostalgia y uno que otro lance amoroso, los tales mineros extranjeros un día de tantos armaron un jaleo de órdago, mezclado con vinate, cuchillos y puño limpio, amén de lanzar injurias a todo mundo a su alrededor, por lo que al día siguiente autoridades republicanas, más el peso de la indignación popular, solicitaron ipso facto el “destierro” a sus lejanos lugares de origen de los revoltosos europeos.

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