La fuente del Baratillo se construyó para solucionar el abastecimiento de agua

La fuente del Baratillo, joya arquitectónica que se ha convertido en uno de los principales emblemas de la ciudad de Guanajuato posee una historia distinta a la que ha sido difundida en diversas publicaciones de carácter turístico.

Su construcción obedeció a la circunstancia de que en Guanajuato no había agua potable, por lo tanto la población se abastecía de pozos o de aljibes, pero quien no tenía ni uno ni otro se la compraban a los aguadores que la traían en largos y frescos cántaros de barro cocido que cargaban a cuestas o en mulas y burros, desde los manantiales localizados en la zona de Chichíndaro y en la comunidad del Tablón.

Más tarde, existiendo ya la Presa de la Olla, lo que convenía era entubar el preciado líquido para llevarlo hasta la ciudad donde se establecerían doce fuentes en diferentes lugares con el propósito de que la población pudiese abastecer de agua, este proyecto fue presentado al Ayuntamiento por primera vez durante 1848.

La propuesta despertaría el interés de las autoridades municipales debido a los beneficios que traería para los habitantes de la localidad, y entonces el Gobierno del Estado tomaría cartas en el asunto, firmándose el contrato respectivo entre el Ayuntamiento y el señor Marcelino Rocha, quien fue la persona que propuso proyecto.

De esta manera, finalmente la primera de las fuentes quedaría construida, siendo inaugurada oficialmente el jueves de Corpus Christi de 1852, cuando en medio del júbilo popular el agua procedente de la Presa de la Olla llegaría a la Plaza Mayor, brotando dentro de una fuente de estilo florentino que ahí se había colocado, debido a la disposición de las autoridades, a lo largo de todo ese día el vital líquido estuvo distribuyéndose de forma gratuita, sin embargo posteriormente se estaría vendiendo a quienes acudían a ella para abastecerse.

La fuente consistía en dos tazones de cantera o cuartón perfectamente labrados, circundada por un barandal de hierro, en cuyo centro estaba un pedestal de cantera que tenía cuatro lápidas de mármol. Sobre el pedestal en cada uno de sus frentes estaban cuatro seres mitológicos de hierro con el aspecto de peces, los que soportaban una gran concha del mismo material, por donde escurría el agua hacia los tazones además de ser lanzada a lo alto mediante un tubo que salía del centro de la concha.

El 21 de enero de 1886 la fuente sería quitada de la Plaza Mayor pasándose a la Plaza de San Diego (Jardín Unión) donde el 4 de octubre de 1893 la trasladaron a la Plazuela del Baratillo.

Desde entonces, hasta la fecha esa fuente permanece en este lugar de la ciudad, constituyendo uno de los principales atractivos turísticos. Sin embargo, resulta conveniente aclarar que conforme a lo expuesto, diversos investigadores indican que la fuente del Baratillo no fue un regalo que haya realizado el Emperador Maximiliano de Habsburgo a la ciudad de Guanajuato durante el mes de septiembre de 1864, como se ha querido mostrar dentro de algunas publicaciones.

Aunado a ello, tampoco hay evidencias en el sentido de que Maximiliano, además obsequió una fuente idéntica a la ciudad de Irapuato y de que una tercera fuente florentina se encuentre perdida, pues al respecto, las indagaciones muestran que la fuente situada actualmente dentro de la Plaza Hidalgo frente al hotel San Francisco, en la zona centro de Irapuato que es idéntica a la del Baratillo, fue construida por disposición del gobernador Enrique Fernández Martínez, la cual fue entregada a ese municipio en 1940.

Así mismo, tampoco existe alguna prueba sobre la presunta construcción de una tercera fuente que estaba destinada a ser instalada en la ciudad de León como ha sido divulgado desde hace muchos años.

Gustavo Cabrera Flores/PERIODISTA E INVESTIGADOR

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