Se cumplen 136 años de la muerte del Padre Lucio Marmolejo

Notables y suntuosas honras fúnebres realizadas en la Iglesia Matriz, despidieron al Padre Lucio Marmolejo, quien falleciera en la ciudad episcopal a donde fue llamado por el Ilmo. Señor Obispo Barón y en donde se aseguraba con insistencia que sería nombrado para cubrir una vacante que había en el coro, sin embargo el 31 de agosto de 1885, la muerte sorprendería a tan querido guanajuatense, sin que los habitantes de esta ciudad, tuvieran el gusto de que este, su hijo, llegara a la alta dignidad de Canónigo.

Asi lo recuerda Ramón Valle continuador de las Efemérides guanajuatenses, quien además agrega, que diversos periódicos hablaron de un proyecto de levantar un monumento a este ilustre hijo de Guanajuato, como un merecido reconocimiento a quien tanto beneficio hizo a su ciudad natal, y quien dedicó su tiempo y trabajo a ésta, ya como Tesorero Municipal, como historiador y autor del primer plano de la ciudad de Guanajuato, cuya tarea realizó durante más de diez años, recorriendo la ciudad, calle por calle y callejón por callejón.

El padre Lucio Marmolejo en sus conclusiones en el cuarto tomo narra brevemente algunos de los acontecimientos que fueron forjando la historia de la ciudad desde el siglo XIV hasta los albores del siglo XIX en que recuerda que “Guanajuato llegó a un grado sorprendente de riqueza y prosperidad en el transcurso del siglo XVIII. Desde los primeros años hallamos descripciones de fiestas verdaderamente magníficas celebradas en la ciudad, que bien demuestran los avances de su ilustración, los religiosos betlemitas, los jesuitas, los franciscanos observantes, los mercedarios y los filipenses, fundan casas de sus respectivas órdenes, siendo la de los jesuitas singularmente magnífica y la festividad de la dedicación del soberbio templo, tan espléndida, que llamó la atención de toda la Nueva España.

El caserío se extiende en todas direcciones, se construyen elegantes y nuevos edificios, y se dedican otros varios templos a más de los mencionados, se fabrican las presas de la Olla, y de los Pozuelos, que surten a la población de agua potable; se concede a la Villa por el Rey Felipe V, el título de muy noble y muy leal Ciudad, y enseguida se sublima a la categoría de Capital de la Provincia, se hacen rebajes y atierres, se construyen puentes y se ejecutan otras obras costosas y difíciles para darle amplitud y comodidad; la autoridad diocesana dispone que la Parroquia del Centro sea gobernada por tres Curas para que puedan atender convenientemente a sus numerosísimos feligreses; muchas minas dan productos de tanta cuantía, que asombran a la Europa y entre ellas aparece Valenciana.

Descubierta a mediados del siglo, cuya riqueza sobrepujó a la de todas las explotadas en el mundo, se plantean escuelas de primeras letras y se rige el célebre Colegio de la Purísima Concepción, que comenzó desde entonces a producir sabios entre sus alumnos, todo en fin, era riqueza y todo prosperidad, habiendo llegado a subir la población hasta la elevada cifra de 100,000 almas.

La Guerra denominada de la Reforma, ha hecho sentir aquí como en todas partes sus perniciosos efectos: los monasterios han sido destruidos, las Hermanas de la Caridad, arrojadas de sus casas, las doctrinas más disolventes difundidas, la desmoralización fomentada y la unidad religiosa enteramente rota con la introducción del protestantismo.

Pero con todo esto, Guanajuato con su riqueza, con su ilustración y con su piedad, se ha sostenido en pie, firme como la roca en medio de los mares, si las guerras le han arrebatado parte de sus tesoros, ella ha sabido fomentarlos por otra parte y con ellos embellecerse y engrandecerse: si la revolución ha ocasionado trastornos infinitos para que vinieran por tierra lo establecimientos de instrucción y de beneficencia, ella vencedora de todos los obstáculos, no tan sólo conserva los que antes existían, sino que erige otros y otros, que lucirán sin duda cual focos brillantísimos de luz; si la impiedad, en fin, despoja a la Santa Iglesia, blasfema de la verdad, difunde las más perversas doctrinas, e implanta entre nosotros religiones extrañas y advenedizas; la fe de los fieles se conforta en medio de esas las contradicciones, el culto brilla con mayor esplendor, los santos Sacramentos son más frecuentados, la religión progresa asombrosamente entre la befa, el desprecio y la persecución, cual progresaba en otro tiempo regada con la sangre de los mártires.

Guanajuato, en fin, bajo todos conceptos mejora, avanza, se embellece, se ilustra y guarda intacto el depósito de la augusta religión que le legaron sus padres. ¡Que Dios la sostenga y dirija siempre por el mejor camino! Lucio Marmolejo.

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