Hace 41 años evacuaron El Zangarro y su templo fue profanado en busca de tesoros

Juan David Romero

Un ruinoso templo de piedra que emerge sobre el nivel de agua en la presa de La Purísima, y como fondo el Cerro del Sombrero, son las pruebas palpables de la existencia de un poblado que en otras épocas ahí hubo, y que finalmente quedó sumergido y desapareció del mapa.

Se trata del viejo pueblo de El Zangarro, comunidad guanajuatense que fue condenada al exilio de sus habitantes, y que no obstante al doloroso éxodo, ese vaso de captación no sólo almacena miles de metros cúbicos de agua, pues también ahí quedaron inundadas muchas historias de sus ex pobladores.

De la fe zangarrense al saqueo de su templo

Además de los rezos y plegarias de sus feligreses, el templo de El Zangarro, donde se rendía culto a la Virgen de los Dolores, considerada la santa patrona, también almacenaba secretos que sólo algunos de sus habitantes conocían a profundidad y que le daban un entorno mágico a su fuerte estructura de roca y cantera.
Para la primera mitad del siglo XIX, en El Zangarro había pocos lugares en donde encomendarse a la divinidad, sólo existían algunas pequeñas capillas en las comunidades vecinas, al igual que sencillos altares en algunos hogares, que no dejaban que la fe se perdiera entre sus habitantes.

No obstante, al ser entonces pocos los moradores de esa región, su porvenir parecía inmejorable pues nunca faltaba nada en ese paradisiaco lugar donde abundaban las huertas especialmente de aguacates, para que con las manos trabajadoras de sus habitantes ya se pensara en la edificación de un santuario para venerar a Dios.
Fue para 1851 cuando el templo de El Zangarro quedó erigido con su soberbia arquitectura, que además de contener el fervor de sus fieles también guardaba hermosas obras de arte sacro entre lienzos y retablos que eran en esa época la admiración de toda la gente de la comarca.

Este templo, fue desde entonces símbolo de identidad de los pobladores y también motivo para la celebración suntuosa de las fiestas del 16 de septiembre, así como la coronación de la Virgen de los Dolores, celebraciones de fin de año y Navidad, así como también los domingos era cuando mayormente se daban cita los lugareños.
Así el templo pasó a formar parte del fastuoso paisaje de la región, teniendo como añadidura la imponente imagen del Cerro del Sombrero y las verdes lomas que embellecían a El Zangarro, además de motivo de gran asombro para propios y extraños pues durante generaciones el edificio escondió en su interior extraños secretos.
Luego, cuando la comunidad más gozaba de su existencia vino una fatídica decisión gubernamental: El Zangarro debía ser evacuado en su totalidad, pues justamente en su territorio quedaría la presa de La Purísima que dotaría de agua a los municipios de Guanajuato e Irapuato y a sus comunidades.

Quedó entonces El Zangarro convertido en un pueblo fantasma, y de su templo los lienzos e imágenes que se encontraban en su interior fueron trasladados al lugar de reemplazo, que aunque no cumplía con las mismas características, cuando menos era apto para venerar a su querida imagen de la Virgen de los Dolores.

Y sería precisamente todo el misterio que envolvía al templo de la Virgen de los Dolores, lo que motivaría más tarde a algunos insolentes curiosos a profanarle cuando ya se encontraba vacío, pero todavía no cubierto por las aguas, después del destierro de sus habitantes kilómetros arriba en la loma conocida ahora como El Nuevo Zangarro.

El interés de encontrar tesoros en el templo llevó a muchos a destruir aquel monumento de piedra que ya estaba condenado a la desaparición, y aunque aún se puede ver de pie cuando la presa está semivacía, gran parte de su estructura quedó abatida tras ser impunemente escarbada para buscar algún indicio de tesoros.
Nativos del Zangarro hundido, recuerdan a algunos osados a los que efectivamente poco les importó que se tratara de un lugar bendito, para escarbar y destruir lo que el agua dejaba al alcance.

Comentan que un jovenzuelo andaba husmeando detrás de lo que era el altar del templo, en donde tumbó las rocas que formaban la pared y encontró un cajón repleto de monedas.

Cuando estaba a punto de sacar el botín, tres fulanos llegaron hasta el muchacho aquel, despojándole del baúl y convenciéndolo de que dejara el pueblo y no dijera nada de lo sucedido, lo asustaron con matarlo y le dieron sólo 300 pesos por su silencio.

Independiente a este hombre malafortunado, recuerdan más casos de hallazgos en el templo y sus inmediaciones, pues mencionan que mucha gente se encontraba ollitas con dinero, situación que no era exclusiva del templo, pues antaño muchos zangarrenses escondían su dinero bajo la tierra o bajo las raíces de los enormes árboles frutales.

Fueron muchos que ante las prisas del desalojo dejaron ahí en sus viviendas las ganancias de toda una vida, y que algunos quisieran buscar, pues se hablaba de centenarios y joyas, pero ahora las aguas de la presa de La Purísima sólo dejan ver el templo y el panteón cuando el clima es apto y los niveles del agua bajos.
Historias como estas son comunes entre los moradores de El Nuevo Zangarro, pues aunque no todos hayan nacido en el poblado que fue cubierto por las aguas, estas versiones pasan de boca en boca sin importar el correr de los años.

Una noticia incómoda

Corrían los años cincuenta del siglo XX y los lugareños comenzaban a enterarse de un rumor que generaba cierta incomodidad, pues con el fin de garantizar el abasto de agua de Irapuato y Guanajuato se proyectaba una enorme presa, la cual se erigiría en sus propios hogares.

La vida para los zangarrenses pasaba tranquila a pesar del rumor, sin sobresaltos pasaron todavía dos décadas más para que comenzara a ser una realidad el hecho de abandonar su poblado, pues para finales de los sesenta, máquinas y hombres arribaban a El Zangarro con la finalidad de comenzar a planear la importante obra de ingeniería hidráulica.

Como desde hacía mucho se venía manejando como un simple comentario inofensivo, los habitantes al principio lo tomaban a puro juego, pero cuando vieron a los ingenieros echando medidas comenzaron a ver que era en serio eso de desalojar.

La noticia comenzó a llenar a los habitantes de incertidumbre, por lo que todos comenzaron a frenar los trabajos de quienes laboraban en la construcción de la gran presa, sin embargo, el gobierno supo llegarles por el lado flaco, pues les amenazó diciendo que si no se iban a El Nuevo Zangarro no alcanzarían casas ni terrenos.
Para 1977 los trabajos comenzaron a conciencia y a marchas forzadas, por lo que resignados la mayoría decidieron sacar a su patrona del templo; fue el 20 de junio de 1980 cuando la Virgen de los Dolores le hacía honor a su nombre, pues veía como dolientemente sus feligreses dejaban atrás su historia y se trasladaban a un nuevo hogar lejos de El Zangarro.

A pesar del inminente exilio de toda una aldea, hubo quienes abnegados y siguiendo sus convicciones decidieron quedarse demostrando su oposición al millonario proyecto que los dejaría sin su morada.

Finalmente, fue el agua la que se encargó de desalojar a la fuerza a los zangarrenses que hacían caso omiso a la advertencia de que la presa comenzaría a nutrirse del vital líquido, que con agua de lluvia y la proveniente del Río Guanajuato pronto comenzaron a sumergir sueños recuerdos y anhelos de los cuatro o cinco habitantes que se negaban a partir.

Hay muchas personas que recuerdan el pasado triste que les tiene en El Nuevo Zangarro, un lugar que continúa alejado de todo aunque con sus calles bien proyectadas y anchas, la miseria forma parte de los habitantes que conocieron aquel viejo pueblo lleno de abundancia.

Ni el coraje ni la identidad pudo mantener unidos a El Zangarro con sus habitantes, pues La Purísima les separó, dejando sólo las ruinas bajo el agua y un templo de la Virgen de los Dolores que acompaña el dolor de los oriundos de aquel desafortunado poblado desaparecido.

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