Reveló el periódico La Escoba la riqueza que atesoraba el cauce del río Guanajuato

En el Archivo Histórico de la Universidad de Guanajuato, se encuentra el único ejemplar que existe probablemente del periódico La Escoba, semanario independiente del pueblo y para el pueblo, que circuló en nuestra ciudad de Guanajuato a principios del siglo XX. Este valioso documento que da cuenta de importantes acontecimientos acaecidos en la capital del estado fechado el 7 de septiembre de 1924, se imprimió en la calle del Truco número 17 bajo la dirección de su fundador don Joel Sánchez con un costo de cinco centavos el ejemplar.

Tres secciones destacan en la conformación del diario de los guanajuatenses: política, policiaca y sociales, por cierto, la redacción de la mayoría de sus notas nos ofrece un lenguaje muy coloquial que llama poderosamente la atención y para que usted, estimado lector, tenga una idea de lo que fue este periódico en formato tabloide a continuación les compartiré a manera de ejemplo tres artículos que sorprendieron a los moradores de la capital.

El primero corresponde a la columna de policía, consignando la infidelidad de una mujer y con el propósito de que disfrute a plenitud de su formulación, lo citaré de manera textual refiriendo lo siguiente: “… María Cardiel, es una mujer ingrata que aprovechando la ausencia de su hombre dio en comer carne de gallo y con tan mala suerte que a los pocos días le hizo efecto y temerosa de que su maridito notara esa ingratitud, se propinó fuertes golpes en el vientre y tomas de agua de amole a fin de arrojar el fruto de sus amores, pidiendo a gritos su pase al hospital al que le fue concedido, turnando el caso a la autoridad respectiva…”

Caramba, esto sucedió en la segunda década del siglo próximo pasado y hoy en día la misma infidelidad se repite una y otra vez más, pero pasemos a la segunda nota que identifiqué para compartirlo con todos ustedes y que también corresponde a la sección policiaca y dice claramente: “… la señora Dionisia Barrientos con domicilio en el Callejón de Tamboras, dio parte a la policía que fue visitada por los amantes de lo ajeno, dejando limpia su casa, salvándose únicamente un metate que por lo visto estos señores no son afectos al piano de tres patas…”.

El tercer artículo que me pareció verdaderamente impactante y que a propósito dejé al último, es precisamente el que se llevó las ocho columnas de ese lejano 7 de septiembre de 1924, resaltando con letras más grandes y nítidas el siguiente texto “El río de Guanajuato atesora en su cauce cuantiosa fortuna”, fortaleciendo y corroborando una de mis entrevistas que realicé a un trabajador que participó en el enbovedamiento del río, asegurando de las inmensas riquezas que se encontraron en su proceso en distintos puntos de su cauce.

En seguida, pues, les daré mayor información sobre esta última nota que cimbró de asombro a toda la ciudad y lugares adyacentes, sobre la incalculable fortuna que se estaba depositando día a día a lo largo y ancho del caudaloso río que en infinidad de ocasiones trastornó en todos sentidos a nuestra bella capital de la plata.

Pero para darle un tinte de mayor emoción y suspenso a este artículo, recordemos que en el siglo XVI Guanajuato estaba integrado por un total de cuatro reales: Santa Ana, Tepetapa, Santa Fe y Santiago de Marfil, en este último punto se lograron asentar un gran número de haciendas de beneficio de metales muy a pesar de que sus construcciones se ubicaron muy cerca del río y en temporada de lluvias fluía un torrente de peligrosa impetuosidad poniendo en alto riesgo a las familias que moraban por ese rumbo de la ciudad.

En estas haciendas para obtener los metales preciosos, oro y plata, se llevó a cabo el método de patio descubierto por el metalurgista español Bartolomé de Medina en el año de 1557, mismo que consistía en separar el mineral de las piedras, actividad que realizaban las mujeres, mejor conocidas como galereñas, ya que su trabajo se realizaba en las galeras de las haciendas, después se trituraba el mineral en los molinos y la mezcla obtenida se trasladaba al patio de la hacienda que generalmente era abierto y pavimentado donde se le agregaba sal y luego de algunos días se le añadía cal, finalmente se remataba con mercurio para preparar la amalgama.

Para este proceso de patio que, les permitía a los cuevanenses obtener los metales preciosos, de igual manera requerían sistemas de irrigación a base de presas, acueductos y norias que finalmente se conectaban con el cauce del río Guanajuato para realizar las descargas correspondientes, sin imaginar que se estaban arrojando a este afluente un verdadero tesoro que los propios mineros ignoraban luego del tratamiento de los minerales y un gran porcentaje de sus riquezas era vertido al río acumulándose de tal manera que en ciertos lugares el agua cambió bruscamente de derrotero.

Aquí es precisamente donde el periódico La Escoba, señaló ese día de su publicación de las inmensa riquezas que se estaban acumulando en el cauce del río Guanajuato y que se estaría contratando los servicios de una compañía norteamericana para llevar a cabo los estudios pertinentes por conducto de ingenieros químicos, para estudiar detenidamente todo el cauce del río para ubicar los sitios donde se encontraba el tesoro abandonado y sepultado por las pestilentes aguas.

Los resultados que obtuvieron los estudios fueron verdaderamente satisfactorios y de inmediato comenzaron a extraer el tesoro arrojado y abandonado por los propios mineros. El diario, además, precisó ese día que los lugares donde encontraron mayores riquezas fueron los siguientes: Puente de Santa Ana y todo el trayecto de la Hacienda de Santa Teresa, fue a partir de entonces cuando se comenzó a tomar medidas de seguridad para seguir evitando la filtración de tan valiosa carga.

Todo lo anterior nos da una idea clara de ese caudal inmenso de riquezas que seguramente siguen en espera de que un feliz mortal pueda toparse con esa enorme sorpresa de encontrar parte de esa fortuna que nuestros antepasados tuvieron en sus manos y que en algún momento lo depositaron en sitios estratégicos para su protección. Por este motivo Guanajuato es una ciudad verdaderamente increíble confinada en singular encanto y sus leyendas la convierten en un valioso tesoro de información y de remembranza.